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Padre Cristóbal
REV. PADRE CRISTÓBAL REILLY, S.T.
Por: Flor Alicia Almodovar
SE INICIÓ COMO SACERDOTE EL 19 DE MAYO DE 1955
Este es un hombre que tiene el don poco común de saber cuando esperar y cuando no esperar. A los 26 años decide entrar a la orden de los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad, en Maryland. Allí estudia, contempla, reflexiona y se pule esperando pacientemente el glorioso día de su ordenación sacerdotal. Mientras se desarrollaba la primera etapa de su vida, en la que asumió varios roles, esperaba quizas sin saberlo porque la chispa divina de la vocación religiosa se manifestara en su corazón. En el 1959 es asignado a servir su sacerdocio en el pueblo de Coamo. Él no lo sabía entonces, pero en ese momento se establece un amor mutuo entre él y la feligresía que ha durado hasta este momento. Desde el 1959 Padre Cristóbal nunca ha abandonado el pueblo de Coamo excepto para asistir a reuniones y actividades de su orden.
Conocí a este sacerdote cuando regresé de Nueva York a vivir en ese pueblo. Estaba casada y tenía 4 hijos. Desde el principio fue mi maestro y entré a un mundo socio religioso desconocido para mi. A través de el conoci la filosofía escrita de pensadores religiosos como Theilard de Chardin y Leonardo Boff, quienes presentaban un concepto de religión innovador y retante. Me fui adentrando en la Teología de la Liberación.
Desde su llegada al pueblo, Padre Cristóbal descubre una gente ávida de conocimiento, dispuesta a poner la mano en el arado y sembrar. Eran los años del concepto nuevo de la teología de la liberación, una teología que invitaba a encarnar las enseñanzas de Cristo en la vida personal y comunitaria. Cuando en el 1967 es nombrado párroco no se sienta a esperar porque la religiosidad tradicional y conocida rindiera frutos o no. Junto a sus compañeros sacerdotes y usando la teología de la liberación como base, impulsa la revolución cristiana que se dio en toda la parroquia.
Padre Cristóbal es un hombre que incendia corazones e inspira a aprender, a dar, a hacer. No se podía esperar, había que poner los cimientos de esa nueva Iglesia en aquel momento historico. Era una Iglesia que más allá de tocar la fibra religiosa de la gente, tocaba la fibra social, la de servicio al prójimo, a los más necesitados; y encarnaba un compromiso comunitario dirigido a lograr una nueva calidad de vida. No había en ese momento en la Isla una Parroquia más dinámica y activa que la de San Blas de Illescas en Coamo. Padre Cristóbal finaliza su término de párroco pero la semillas que había sembrado siguieron germinando y dando frutos.
Sin embargo, ya soplaban vientos de problemas con el Obispado de la Diocesis de Ponce y en el 1977 el Obispo de Ponce le pide a los Siervos misioneros de la Santísima Trinidad que entreguen la Parroquia. La gente de Coamo no se sento a esperar resignadamente a que esta orden se ejecutara. A través de distintas actividades reunieron alrededor de veinticinco mil dólares y escogieron por votación a cinco feligreses para ir a Roma a apelar la decisión del Obispo, algo que creo no había tenido precedente en la Isla. Viajé a Roma junto con el Lcdo. Arquímedes Gierbolini, la entonces monja Consuelo Paguagua, Rafael Torres y Rosendo Rivera.
En Roma fuimos recibidos y atendidos en los foros indicados pero la decisión del Obispo prevaleció. En 1978 los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad entregaron la Parroquia.
Padre Cristóbal pidió a la orden por escrito permiso para quedarse en Coamo, naturalmente, sin ningún compromiso religioso. De nuevo el compromiso y el amor de la gente del pueblo no se hicieron esperar.
Sus amigos le construyeron una pequeña casa en el Barrio Palmarejo. Pacientemente se dedicó al cultivo de la tierra. Sembraba ajíes, tomates, piñas, recao y otros frutos, mientras seguía también cultivando su espíritu y su intelecto. Sus amigos fieles atendían todas sus necesidades que eran mínimas rues Padre Cristóbal vivía y vive aún el verdadero concepto de la pobreza religiosa. Pero más importante, buscando su sabiduría, sus consejos y su apoyo.
Y Padre Cristóbal seguía cultivando la tierra y esperando una señal que lo dirigiera a ver el nuevo propósito de DIOS para el.
No creo que él sabía en aquel momento por que esperaba. Pero no desmayo ni perdió su FE. Me atrevo a asegurar que muchos esperábamos que ese fiel amigo nunca fuera separado de nosotros. En el año 1995 Padre Cristóbal recibio la respuesta a su espera.
En una decision sorpresiva, personal e íntima, el Obispo de Ponce citó a Padre Cristóbal y en dicha entrevista le reestableció el derecho canónico a ejercer sus funciones sacerdotales en Coamo. Fue un momento de triunfo del Orden Divino sabre la voluntad del hombre. El pueblo acogió esa noticia con júbilo y se desbordo en la misa de recibimiento y renovación de la misión sacerdotal de Padre Cristóbal. Allí todavía ejerce su sacerdocio.
El 14 de mayo de 1994 el municipio de Coamo le ofreció un acto de reconocimiento y amor a este hombre de DIOS, quien siempre supo esperar para que el bien se manifestara en su vida de nuevo. Más adelante fue declarado hijo adoptivo de Coamo.
Muchas veces saber esperar, como en el caso de Padre Cristóbal, es una incognita. Es un acto de fe. Es una alianza de esperanza entre DIOS y el que espera con una convicción de que DIOS será justo en la respuesta.
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