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Biografías
Biografías
SOR ISOLINA FERRÉ
Misionera. Fundadora de los Centros Sor Isolina, nació el 5 de septiembre de 1914 en Ponce, Puerto Rico. Compartir con quien lo necesitara, fue una lección que aprendió en el seno de su familia. A los 17 años ingresó a la Universidad de Puerto Rico. Abandonó sus estudios al morir su madre y ella enfermarse. Durante su convalescencia conoció al fundador de la Congregación de las Siervas Misioneras de la Santísima Trinidad. Este encuentro la ayudó a definir su vocación de servicio a Dios y su apostolado con los pobres. A los 21 años ingresó al noviciado. Hizo sus votos como misionera de la Orden. Tras dos décadas de labor misionera en los Estados Unidos, regresó a la isla e inició en el sector la Playa de Ponce un proyecto para los habitantes de esa comunidad pobre. Más tarde, el Centro amplió sus servicios y su obra se extendió a otras comunidades. Su labor le ha ganado reconocimiento en Estados Unidos y Puerto Rico. El 3 de agosto de 2000 subió a los cielos el "Angel de los Pobres" dejando en tierra su gran legado.
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MADRE TERESA DE CALCUTA
La Madre Teresa es albanesa de nacimiento y su nombre original es Agnes Gonxha Bojaxhiu. En el año 1948 la Madre Teresa adquirió la ciudadanía hindú. A los 18 años de edad, la Madre Teresa ingresó a la Orden de las Hermanas de Nuestra Señora de Loreto en Irlanda. Recibió su formación religiosa en Dublín, Irlanda y en Dardjiling, India.
En el año 1931, la Madre Teresa tomó el nombre de Teresa en honor a una monja francesa, Thérèse Martin quien fue canonizada en 1927 con el título de Santa Thérèse de Lisieux. En el año 1937 la Madre Teresa tomó los votos religiosos y enseñó por 20 años en el Colegio Santa María en Calcuta, India y en el año 1946, precisamente el 10 de setiembre, recibió otro llamado de Dios, el servicio hacia los más pobres de los pobres. En el año 1948, el Papa Pio XII le concedió a la Madre Teresa permiso para dejar sus funciones como monja independiente y empezó a compartir su vida en las calles de Calcuta con los más pobres de los pobres, enfermos y hambrientos . La Madre Teresa fundó una congregación llamada las Misioneras de la Caridad. Su trabajo inicial fue el de enseñar a leer a los niños pobres de la calle. En el año 1950, la Madre Teresa empezó a ayudar a las personas enfermas de lepra. En el año 1965, el Papa Pablo VI colocó a la congregación de las Misioneras de la Caridad bajo el control del Papado y autorizó a la Madre Teresa a expandir la Orden religiosa en otros países. Alrededor de todo el mundo se abrieron centros para atender leprosos, ancianos, ciegos y personas que padecen del SIDA y se fundaron escuelas y orfanatos para los pobres y niños abandonados.
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SAN ANTONIO DE PADUA
(1195-1231), monje franciscano, nacido en Lisboa. Se hizo monje agustino a los 15 años y una década después ingresó en la orden franciscana, alcanzando el cargo de provincial de esa orden en 1227. Enseñó Teología en Italia y en diversas ciudades francesas, ejerciendo también labores apostólicas en las proximidades de Padua. En 1230 renunció al cargo de provincial para dedicar más tiempo a la predicación. Al año de morir fue canonizado por el papa Gregorio IX; en 1946 fue nombrado doctor de la Iglesia. Es el santo patrón de Padua y Portugal, al que se invoca para encontrar objetos perdidos. El 13 de junio se celebra el día de su fiesta.
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SAN FRANCISCO DE ASIS
(1182-1226), místico italiano y predicador, fundador de los franciscanos. Giovanni Francesco Bernardone nació en Asís, en el seno de una acaudalada familia, aunque parece ser no tuvo una gran formación intelectual. Durante su juventud Francisco llevó una vida mundana y despreocupada. Tras una batalla entre Asís y Perugia estuvo encarcelado un año en esta ciudad. Mientras estuvo prisionero sufrió una grave enfermedad durante la cual decidió cambiar su forma de vida. A su regreso a Asís en 1205 ejerció la caridad entre los leprosos y comenzó a trabajar en la restauración de ruinas de iglesias en respuesta, según se dice, a una visión en la que el crucifijo de la iglesia en ruinas de San Damián en Asís le ordenó que reparara su casa. El cambio de carácter de Francisco y sus gastos en obras de caridad enfurecieron a su padre, que le desheredó de forma legal. Francisco entonces renunció a su lujosa ropa por una capa y dedicó los tres años siguientes al cuidado de los leprosos y los proscritos en los bosques del monte Subastio. Para sus oraciones en el monte Subastio, Francisco restauró la ruinosa capilla de Santa María de los Ángeles. En el año 1208, durante una misa, escuchó una llamada diciéndole que saliera al mundo y, siguiendo el texto de Mateo 10, 5-14, "no poseyera nada pero hiciera el bien en todas partes". Cuando regresó a Asís ese mismo año, Francisco empezó a predicar, provocando la renovación de la espiritualidad cristiana del siglo XIII. Reunió a los 12 discípulos que se convertirían en los hermanos originales de su orden, más tarde llamada la Primera Orden y eligieron superior a Francisco. En 1212 recibió a una joven (una monja de Asís de buena cuna) llamada Clara, en la comunidad franciscana; a través de ella se estableció la orden de las damas pobres (las clarisas, más tarde Segunda Orden franciscana). Fue después, en 1212, cuando es probable que Francisco emprendiera camino de Tierra Santa, pero una tempestad le obligó a volver. Otras dificultades le impidieron cumplir gran parte de la labor misionera cuando llegó a España a evangelizar a los musulmanes. En 1219 se encontraba en Egipto, donde pudo predicar aunque no consiguió convertir al sultán. Francisco viajó después a Tierra Santa permaneciendo allí hasta el año 1220. Quería ser martirizado y se alegró al saber que cinco monjes franciscanos habían muerto en Marruecos mientras cumplían sus obligaciones. A su regreso encontró oposición entre los frailes y renunció como superior, dedicando los años siguientes a planear lo que sería la Tercera Orden franciscana, los terciarios. En septiembre de 1224, tras cuarenta días de ayuno, Francisco estaba rezando en el monte Alverno cuando sintió un dolor mezclado con placer, y las marcas de la crucifixión de Cristo, los estigmas, aparecieron en su cuerpo. Los relatos sobre la aparición de estas marcas difieren, pero parece probable que fueran protuberancias nudosas de carne, parecidas a cabezas de clavo. Francisco fue llevado de regreso a Asís, donde pasó los años que le quedaban marcado por el dolor físico y por una ceguera casi total. Sus sufrimientos no hicieron disminuir su amor a Dios y a la creación como queda de manifiesto en su "Cántico de las criaturas", que se cree fue escrito en Asís en 1225, en el que el sol y el resto de la naturaleza son alabados como hermanos y hermanas, y el célebre incidente predicando a los gorriones, representado en numerosas ocasiones. Fue canonizado en 1228. En 1980 el papa Juan Pablo II le proclamó patrón de los ecologistas. En arte, los emblemas de san Francisco son el lobo, el cordero, los peces, los pájaros y los estigmas. Su festividad se celebra el 4 de octubre.
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JESUCRISTO
{Biog.}{Rel.} Segunda persona de la Santísima Trinidad. Nombre del Redentor, del Hijo del Dios hecho hombre para redimir al género humano, Jesucristo, hijo de Dios hecho hombre según los Evangelios, el Mesías anunciado por los profetas, nació de la Virgen María en Belén, en el reinado de Augusto, predicó la religión de la paz y del amor, y, perseguido por los sacerdotes y fariseos, murió crucificado el año 33, durante el reinado de Tiberio. Después de su resurrección, instauró a Pedro como primado de su iglesia, quien junto con los discípulos que El había escogido, predicaron su doctrina por todo el mundo entonces conocido. La historia de la salvación de la Humanidad empieza con Él y acabará con Él. Todo el Antiguo Testamento es una referencia continua hacia el Mesías que habrá de venir. El anuncio de su venida lo hace Dios Padre a Adán, cuando pone enemistad entre la serpiente y la mujer. Más tarde, la figura del Mesías se repite en labios de todos los profetas. Durante los días que preceden a la venida del Salvador, adquiere un nuevo relieve. Se produce entonces una revitalización del judaísmo, el cual estaba articulado por tres grandes grupos: los fariseos, los saduceos y los esenios. Los primeros son los observadores cuidadosos de la Ley y los profetas; creen en la vida ultraterrena; les ayudan los escribas, intelectuales que hacen del estudio de la Ley su profesión. Sus rivales son los saduceos, especie de aristocracia conservadora que controla el Templo de Jerusalén y desprecia la interpretación de la Ley hecha por los fariseos. Junto a los anteriores, los esenios viven en el desierto en comunidades eremíticas predicando la conversión ante un juicio próximo del mundo. A todos ellos es común la esperanza de una nueva sociedad pacífica y próspera, inaugurada por el Mesías y similar a la que tuvo Israel bajo los reinados de David y Salomón. Desde el 63 a. C. Palestina ha caído bajo el Imperio romano, gobernado sucesivamente en tiempos de Jesucristo por Augusto y Tiberio. Roma concede una cierta libertad a los judíos, pero éstos añoran los tiempos de David. Unos 600 años antes de nuestra era, dicho reino había sido dominado por los babilonios, y el Templo, destruido. Posteriormente, cae bajo el dominio de los persas, de Alejandro Magno y de los reinos helenos creados a la muerte de éste. Durante el s. II a. C., los seléucidas intentan imponer a los judíos los modos de vida griegos. Los judíos conocen una temporada de cierta independencia, por vez primera en 400 años, con el advenimiento de los Macabeos. Pero en tiempo de los romanos, la dinastía macabea es sustituida por una línea sucesoria no judía, cuya figura más sobresaliente es Herodes el Grande. Su reinado comienza el 37 a. C. y durante él nace Jesús. Herodes embellece el Templo y da cierta prosperidad a los judíos. A su muerte, el reino queda dividido. Su hijo Herodes Antipas recibe Galilea, al Norte. Samaria y Judea, al Sur, quedan bajo el dominio directo de un procurador romano. Roma permite a los judíos la existencia de ciertas instituciones para la administración de sus asuntos internos. La principal de ellas es el Sanedrín, que queda abolido durante la insurrección del 66, cuando el Templo es destruido definitivamente. Todas estas circunstancias explican que los judíos esperasen la llegada de un Mesías eminentemente político, de un caudillo militar. Explican también el celo con que Herodes el Grande hace asesinar a los niños inocentes durante los días del nacimiento de Jesús. S. Lucas (2, 1-21) describe el nacimiento del Salvador y narra cómo José y María hubieron de trasladarse desde Nazaret a Belén para empadronarse. Asi, como lo predijera Miqueas, el nacimiento del Mesías se verifica en Belén, la ciudad del rey David. Aparte de los signos sobrenaturales que acompañan los primeros días del Salvador en la tierra, sus primeros 30 años apenas se distinguen de lo que podría ser la vida de cualquier otro judío de su tiempo: trabaja en el mismo oficio artesanal que lo hiciera S. José, en Nazaret. Si acaso, estos años están más bien marcados por una vida humilde y económicamente ajustada, nada propia de un futuro Mesías de Israel. El lenguaje de Jesucristo es el arameo, dialecto sirio próximo a la lengua hebrea, pero que había sustituido a ésta en aquellos tiempos. Sin embargo, Jesucristo habría aprendido también el hebreo al contacto con los textos bíblicos. Los Evangelios nos dicen que contaba unos 30 años al iniciar su vida pública en Galilea. Después de su bautismo a orillas del Jordán, emprende la predicación comenzando por su propia ciudad, Nazaret, en donde es despreciado. Posteriormente, le encontramos en Cafarnaúm, a orillas del lago Tiberíades, en donde probablemente conoce a Simón Pedro. En una montaña, quizá también cerca del lago, elige a los 12 apóstoles. Al hablar Cristo de su Reino, que identifica con el de Dios o de los cielos, anuncia que durará hasta la consumación de los siglos (Mt 13, 39-41), y prevé que su obra se va a continuar en una sociedad organizada jerárquicamente, a la que llama Iglesia, identificándola con el Reino de los cielos: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Yo te dará las llaves del Reino de los cielos" (Mt 16, 18). Jesucristo, al configurar la futura sociedad religiosa, no piensa en una sociedad amorfa, sino que confiere a los Doce el poder de "atar y desatar", es decir, de imponer preceptos y de dispensarlos (Mt 18, 18). Jesucristo predica frecuentemente en las sinagogas, pero poco a poco las gentes acuden a Él de todas partes. Le llevan los enfermos y endemoniados para que les cure. Jesucristo, además de sanarles, les perdona los pecados. Es este último hecho el que mueve a los fariseos a buscar su muerte, pues sólo Dios puede perdonar los pecados, y Jesucristo se declara abiertamente (sus obras lo confirman) el Hijo de Dios. Durante el tercer año de su predicación, llega a Jerusalén, consciente de que allí será crucificado. Por más que anuncia este hecho a sus discípulos, ellos no consiguen entenderle. En la víspera de ser entregado, realizando la Ultima Cena con sus discípulos, instituye la Eucaristía, sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, como perpetuo memorial de la Pasión que sufrirá: cada vez que ésta se realice a lo largo de los siglos, se renovará incruentamente, de modo verdadero y real, el sacrificio redentor del Calvario; dicta también en esta ocasión el mandatum novum, el mandato del amor fraterno. Terminada la Cena, se traslada con sus discípulos al huerto de Getsemaní, donde espera en oración agonizante el momento del prendimiento. Jesucristo es apresado en la noche del jueves al viernes, la madrugada del viernes se celebran los juicios en casa de Anás y en casa de Caifás; ya de mañana. Pilato no viendo ningún delito en Jesucristo, le remite a Herodes, que le devuelve al procurador para que dicte sentencia; es aún de mañana cuando Jesucristo, azotado y coronado de espinas, carga con la Cruz camino del Calvario. Muere horas después, en la hora nona, hacia las tres de la tarde. La ruina, el abandono y el desconcierto de los Apóstoles es total. También ellos están erróneamente convencidos de su misión temporal. Tan sólo Juan, el más espiritual de todos, permanece al pie de la Cruz junto a la Virgen María. Esa misma tarde, los que le han sido fieles en la hora de la prueba, descienden a Jesucristo de la Cruz y le entierran en un cercano sepulcro, propiedad de José de Arimatea. Las santas mujeres compran aromas para volver a embalsamarle. La fiesta sabática de los judíos señala un compás de espera en los hechos que componen el momento central de la historia. Cuando asoman las primeras luces del domingo, primer día de la semana, María Magdalena y María la de Santiago acuden al sepulcro del Señor, hallándolo vacío. Un joven vestido de blanco y sentado a la derecha, les anuncia que Jesucristo ha resucitado. Ellas corren a comunicárselo a los Apóstoles. Juan y Pedro se llegan al sepulcro para confirmarlo. Al entrar en él, Pedro se encuentra los lienzos allí colocados; y el sudario que había estado sobre su cabeza, envuelto aparte. Una vez vueltos a casa, el Evangelio de S. Juan dice que María Magdalena se queda llorando junto al sepulcro y que, al inclinarse sobre él, ve a dos ángeles sentados a la cabecera y a los pies de donde había estado Jesucristo Al volver la cabeza atrás, ve a un hombre al que confunde con el hortelano. Pero en ese momento, Jesucristo se da a conocer y le llama por su nombre. María corre a contarles la escena a los Apóstoles. En ese mismo día, Jesucristo se aparece a los dos discípulos de Emaús, y por la tarde, a los Apóstoles, entre los que no se encuentra Tomás. Jesucristo corrige la incredulidad de Tomás en una segunda aparición, ocho días más tarde. La tercera se produce junto al mar de Tiberíades. Allí le hace confesar a Pedro su amor hacia Él, le confirma su primacía sobre los Apóstoles y le anuncia su martirio. A continuación, les lleva a Betania y, mientras les bendice, asciende al cielo, desde el llamado monte de los Olivos: una nube le ocultó de sus discípulos. Toda la vida de Jesucristo está orientada a devolver a los hombres la amistad con Dios Padre, interrumpida por el pecado de Adán. Pero incluso la nueva Alianza será más plena porque, por medio de su Pasión, eleva a los hombres a la categoría de Hijos de Dios, inaugurando la nueva era de la Humanidad. Si el hombre fue uno por su origen en Adán, es también uno por su redención en Cristo. Por un hombre ha venido el pecado y la muerte; y también por un hombre ha venido la justicia y la vida. El primer hombre fue formado de la tierra y era alma viviente; éste fue el padre de la Humanidad caída, la cual pecó como él y fue condenada a la muerte. Pero el segundo hombre viene del cielo, es el Verbo de Dios hecho hombre, y que por su resurrección vino a ser espíritu vivificante; el segundo hombre, Cristo, es cabeza de la Iglesia y de toda la humanidad redimida: por Él "son vivificados" los hombres, que le pertenecen. Se trata de toda una nueva existencia cuya base es el Bautismo, posibilitado por la Encarnación del Verbo. De la ofensa inferida a Dios por Adán y Eva sólo podíamos ser rescatados por una reparación correspondiente, esto es, por el sacrificio del mismo Hijo de Dios, Jesucristo el nuevo Adán, que se ofrece al Padre, como víctima pura y santa.
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SAN PABLO APÓSTOL
{Biog.}{Rel.} Nace en Tarso en el año 5 d.C. de padres judíos nacionalizados romanos. Apóstol de los gentiles. Educado en la tradición farisaica por Gamaliel, nieto del rabino Hillel aprende a trabajar el cuero. Fue también llamado Saulo, quizá por pertenecer a la tribu del primer rey de Israel, Saúl, además de Pablo (era frecuente un segundo nombre, que fuese menos raro al oído griego y presentase una cierta semejanza con el nombre hebreo). Judío fogoso, presencia complacido la lapidación de S. Esteban. En su actividad persecutoria actuaba de buena fe, en completa ignorancia, realizando de manera casi única la previsión de Jesús sobre los perseguidores convencidos de honrar a Dios, matando a sus discípulos. Obtiene poder para perseguir a los cristianos de Damasco (actual Dimasq siria), cuando yendo en camino le rodea una luz, cae cegado en tierra y escucha una voz que le dice: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?, duro empeño es para ti dar coces contra el aguijón" Es la voz de Jesús, que le llama a convertirse y a entregarse al apostolado. Bautizado, recobra la vista. Comienza a predicar en las sinagogas y tres años después es presentado a Pedro y Santiago en Jerusalén (actual Yerusalaym israelí; al-Fuds, para los árabes). Marcha a Tarso, donde recibe el encargo divino de evangelizar a los gentiles. Colabora fructíferamente con Bernabé en Antioquía (actual Antakya turca), durante un año. A partir de entonces, inicia sus 12 anos de viajes apostólicos. En el primero (ca. 45) va a Chipre. Le acompañan Bernabé y Juan Marcos, el Evangelista. En Listra (actual Zoldera) son apedreados. Finalizado el viaje, acude al concilio de Jerusalén, en el que se decide la independencia de los gentiles respecto a la ley mosaica. Grupos de cristianos judaizantes intentan mantener la vigencia de los antiguos ritos, entre ellos el de la circuncisión, pero el concilio de Jerusalén sanciona su no obligatoriedad: los cristianos de origen judío pueden seguir practicándola si lo desean, pero no pueden en modo alguno imponerla a los demás. Con la llegada de Cristo y la institución del Bautismo, la necesidad de la circuncisión desaparece, y ese rito se nos presenta como símbolo que anunciaba algo que lo supera: el Bautismo cristiano. En el segundo viaje (ca. 50), Pablo llega a Corinto. Visita las comunidades fundadas anteriormente, funda las macedónicas, pero fracasa en Atenas. Le acompañan Silas, Timoteo y, tal vez por poco tiempo, S. Lucas. En el tercer viaje (ca. 53) visita Galacia (en la actual Anatolia turca). Trabaja tres años en Efeso (actual Selçuk turca) y viaja a Corinto. Desde Acaya (al Norte del Peloponeso) vuelve a Jerusalén, pasando por Filipos (en Macedonia), Tróade (antigua Troya, actual Hissarlik turca) y Mileto (actual Balat turca). Durante este viaje escribe las epístolas más importantes. En Jerusalén está a punto de morir apedreado. Apela al César y es llevado a Roma bajo custodia militar (ca. 60). La relativa libertad de que allí goza le permite evangelizar y escribir ampliamente. Es declarado inocente. Realiza otros viajes posteriores, y en Tróade es arrestado de nuevo y tratado como delincuente. Vuelto a Roma, es encarcelado con los malhechores comunes y, probablemente, decapitado. Dotado de una inteligencia aguda y estructurada, y de un gran sentido práctico, sabe animar y reprender con autoridad, sin perder la simpatía. Expone con claridad tanto los dogmas fundamentales como los pormenores de la moral cristiana, iluminando la doctrina con los datos que entresaca del A. T. El núcleo de su predicación es la llamada de todos los hombres a la santidad, fruto del sacrificio voluntario del Redentor, y la comunión de vida de los hombres con Dios, que se realiza en el seno de la Iglesia, merced a la acción del Espíritu Santo. Pablo gana a los hombres para Dios con su perseverancia, su oración y su mortificación, y es precisamente en la debilidad y en la Cruz, que acentúan su sentido de la filiación divina, donde encuentra la fuerza para realizar su apostolado. No pocos consideran la visión de Damasco básica en la teología paulina, explicando el fuerte relieve que tiene en su enseñanza la doctrina de la Gracia, concedida por pura benevolencia de Dios al hombre pecador. Nace en el alma de Pablo, en esta ocasión, el germen de la universalidad cristiana, en cuanto que la salvación por la fe era ofrecida igualmente al viejo pueblo de Dios y a los paganos. En esta visión que le convierte, Pablo toma también contacto con Cristo crucificado y resucitado, intuyendo de improviso, por una gracia especial, la relación de estos dos aspectos tan contrapuestos en el mesianismo judío. El escándalo de la Cruz se cambia en un título de orgullo, causa de salvación y de resurrección. La teología de Pablo es sobre todo una teología de Cristo muerto y resucitado. La doctrina enunciada por Pablo queda expuesta en sus 14 epístolas: una a los Romanos, dos a los Corintios, una a los Gálatas, una a los Efesios, una a los Filipenses, una a los Colosenses, dos a los Tesalonicenses dos a Timoteo, una a Tito, una a Filemón y una a los Hebreos. La Iglesia celebra su fiesta el 29 junio, su Conversión (25 ene.) y la Dedicación de la Basílica Ostiense (18 noviembre). La iconografía pictórica ha preferido siempre el episodio de su conversión, camino de Damasco. Murió en Roma en el año 67.
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SALOMÓN
Rey del antiguo Israel (reinó 961-922 a.C.), segundo hijo de David -rey de Judá e Israel- y Betsabé (2 Sam. 12,24); último rey del Israel unificado. En la literatura judía y musulmana posterior, Salomón aparece no sólo como el más sabio de los sabios, sino también como personaje capaz de dirigir los espíritus del mundo invisible. Aparece en un lugar destacado de la historia y de la literatura como constructor del Templo de Jerusalén. Salomón sucedió a su padre en el 961 a.C., a pesar de las pretensiones de Adonías, su medio hermano mayor (1 Re. 1,1-40). Estructuró Israel en 12 regiones administrativas y amplió sus dominios "desde el río [Éufrates] hasta el país de los filisteos, y hasta la frontera de Egipto" (1 Re. 5,1). Esclavizó a los cananeos que permanecieron en el país (1 Re. 9,20-21) y estableció una alianza con Hiram (siglo X a.C.), rey de Tiro (hoy Sur, Líbano). A cambio de alimentos, Hiram le proporcionó madera y las naves de los aliados emprendieron, unidas, diversas expediciones comerciales. El Templo, concluido en unos siete años, fue construido con gran esplendor gracias a la ayuda de Hiram y consagrado con gran magnificencia (1 Re. 8). Sin embargo, estas alianzas provocaron descontento, por cuanto habían llevado al establecimiento de cultos religiosos extranjeros en Jerusalén. La cualidad que caracterizó a Salomón fue la de administrador. Mantuvo unido su reino, en mayor medida intacto, mejoró sus fortificaciones y estableció alianzas no sólo con Tiro, sino también con otras naciones vecinas. Promovió el comercio, por caravanas y por mar, así como un rentable sector de minería del cobre. El trato frecuente con otras naciones permitió una marcada evolución intelectual, y puede suponerse que se desarrolló una auténtica actividad literaria. La tradición considera al propio Salomón como un autor de grandes aptitudes. Los escritos que se le han atribuido son los Proverbios, el Cantar de los Cantares, Eclesiastés, Sabiduría de Salomón y los posteriores Salmos de Salomón y Odas de Salomón. Sin embargo, los especialistas modernos han podido determinar que fueron escritos varios siglos después. Por cierto, lo más probable es que las Odas sean obra de un autor cristiano gnóstico. A pesar de su reputación como sabio, es casi seguro que las extravagancias de Salomón y la desconsideración que mostró hacia su pueblo fueran, hasta cierto punto, responsables de la división de su reino tras su muerte, cuando las tribus del norte se independizaron, al mando de Jeroboam, para constituir el reino de Israel, mientras que el resto de las tribus, las meridionales, pasaban a constituir el reino de Judá. Por otra parte, las condiciones externas contribuyeron a sus éxitos. Los grandes imperios estaban envueltos en luchas intestinas y el comercio y la industria de Israel florecieron al no existir grandes conflictos bélicos.
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